El hijo del aparcamiento
Visto que no hay manera de que votéis que vaya al Cielo voy a usar mi arma secreta. No iba a usarla, pero no me habéis dejado otra opción. Preparaos a sufrir la más contundente y dolorosa…PENA.

Sí, coño ¿O es que no os doy pena? Miradme lo mal que estaba los últimos años. No era capaz ni de regar dentro del tiesto y todos los cabrones de detrás descojonaos de mí. Y a pesar de todo no dejaba de trabajar por mi prójimo. Bueno, en realidad era por mi megalómana obsesión de equipararme a Jesucristo. Pero de todas formas, me merezco un retiro digno. Unas vacaciones perpetuas en la Viña del Señor.
El siguiente paso es la amenaza.
Sí, esta es la primera.

